Un manatieño diseño la bandera de Puerto Rico
Por Angel
L. Vázquez Medina
En el día de hoy la ciudad de Manatí, está celebrando una variedad de actividades en las que conmemora la fecha en que un manatieño diseño la bandera de Puerto Rico. Me complace reconocer que tres instituciones de esta comunidad, celebran hoy sendas fiestas en las que atraen al pueblo a disfrutar la fiesta de la bandera de Puerto Rico. Celebra Manatí el orgullo de saber, que la bandera aceptada por todos los puertorriqueños fue diseñada por un hijo del barrio Coto de Manatí. Fue creada por don Antonio Vélez Alvarado. Las tres instituciones que han hecho el compromiso de atraer la atención del pueblo de Puerto Rico a esta celebración son: El Comité Amigos de la Bandera, el Centro Cultural José S. Alegría y el Gobierno Municipal de Manatí.
Esta fiesta que se viene llevando a cabo en Manatí desde hace ya varios
años, ha tomado una formidable fuerza, después que apareciera
la publicación de un libro y varios escritos en periódicos y revistas,
en los que se niega que don Antonio Vélez Alvarado fuera el creador de
la bandera de Puerto Rico. Más adelante nos referiremos a la circunstancia
en que nació la bandera de Puerto Rico, pero antes nos proponemos dejar
en el conocimiento del auditorio, la relación que tuvo la sociedad manatieña
con el momento histórico que coincidió con la vida de Antonio
Vélez Alvarado y con el momento en que nació nuestra bandera.
Expondremos además la influencia que tuvo el sentimiento patriótico
de muchos manatieños en la formación del carácter revolucionario
de don Antonio Vélez Alvarado.
Desde comenzada la segunda mitad del siglo XIX, Manatí era una comunidad
en creciente desarrollo económico y social. En el pueblo había
una rica clase de propietarios y de comerciantes, cuyos hijos se convirtieron
en los señores dueños de la tierra, los que controlaban el comercio
y los que ocupaban las profesiones del pueblo. Esa clase propietaria la descubrimos
cuando examinamos los censos y informes de riquezas de los años transcurridos
entre 1870 y 1899.
Los nuevos propietarios manatieños temían ser desplazados por
los comerciantes españoles y, aunque en la jurisdicción de Manatí
el hombre de mayor riqueza era el español Salvador Calaf, quien fue el
fundador de la Hacienda Monserrate, la persona que dirigía los negocios
de don Salvador era su hijo Federico. Este acaudalado joven manatieño
era simpatizante del movimiento liberal de Puerto Rico. Así lo confirman
numerosas contribuciones económicas que a los liberales hizo.
A lo largo del mencionado período de tiempo, en Puerto Rico había
una confrontación entre propietarios puertorriqueños y propietarios
españoles y esa lucha en Manatí tenía un significado muy
particular. En los años setentas Manatí sufría los atropellos
que le causaba, José Ramón Fernández, el presidente del
Partido Incondicional Español. Este señor, conocido en toda la
Isla por el título de Marqués de la Esperanza, era también
el dueño de la conocida hacienda La Esperanza, la más grande del
litoral. El señor Fernández tenía influencias en los gobernadores
que se enviaban a Puerto Rico e influyó en el gobernador José
Laureano Sanz para conseguir que sus partidarios se colocaran en la dirección
de los gobiernos municipales. En Manatí logró el puesto de alcalde
para su amigo y partidario, don Bonocio Casellas. Durante el gobierno de Bonocio
Casellas, el señor Fernández se apropió de un caño
que cerpenteaba el valle de Bajura para transportar sus cañas desde su
hacienda hasta el camino que conducía al puerto de Arecibo. Dragó
el caño y al dragarlo dejó incomunicada la gente que vivía
al oeste del municipio.
La falta de consideración al pueblo fue condenada por los partidarios
del liberalismo en Manatí. La mayor contundente crítica la hizo
Juan Ramón Ramos Vélez, cuando fue alcalde en 1873. En el informe
del año escribió Ramos sobre el dragado del caño que hizo
el marqués. El escrito decía en una de sus partes: «Antes,
aunque en las horas de flujo y reflujo se ponía algo hondo, se pasaba
sin inconveniente; pero habiendolo hecho limpiar el marqués para hacerlo
navegable y poder pasar por ahí sus azúcares en su enorme plancha
hasta cerca del pueblo donde los toman los carros, en las horas de flujo y reflujo
impide totalmente el paso, recibiendo sólo y exclusivamente beneficio
de él el Marqués, con perjuicio del comercio y del vecindario
.
El que denunciaba a José Ramón Fernández lo hacía
por el compromiso que tenía como miembro dirigente del liberalismo en
Manatí. Este luchador fue perseguido en 1874 por el gobierno del general
Sanz. Perseguidos también fueron los establecimientos donde se reunían
los liberales. Uno de los establecimiento que en Manatí fue invadido
varias veces por la Guardia Civil, para arrestar a los liberales que allí
se reunían, fue el Café de José Piñol.
Las décadas de 1880 y 1890 fueron períodos históricos en
los que se describe la actividad del movimiento liberal en Manatí. En
el mes de mayo de 1892 se decretó en Puerto Rico una nueva ley de Aranceles
que sustituía la Ley de Relaciones Comerciales de 1882. Este decreto
perjudicaba la producción de azúcar, la que ese momento se encontraba
en el peor momento del siglo. Contra ese decreto hubo una contundente expresión
de la clase dirigente del pueblo de Manatí y, aunque el Ayuntamiento
dio por buena la Ley, un número de miembros de esa clase dirigente, hizo
pública su protesta en una carta que dirigió al gobierno. Los
que quedaron en récord en esta protesta fueron Juan Ramón Ramos,
Clemente Ramírez de Arellano, Epifanio Fernández Vanga, Antonio
Miranda, Salomón Dones, Juan Escudero Miranda, Arturo Quintero, Basilio
Vélez Alvarado (hermano de don Antonio) y el licenciado Francisco Y.
Náter.
El pueblo de Manatí fue en la década de 1890 un hervidero de tertulias
que se llevaban a cabo en los café, las boticas, las pulperías
y los ventorrillos de los diferentes barrios y los talleros de tabacaleros.
La militancia del liderato liberal del pueblo influenció incluso a los
niños. Un ejemplo de esto lo ofrece un anécdota ocurrido en el
momento en que se dio la noticia de la muerte en combate del general Antonio
Maceo en la guerra de independencia de Cuba.El Ministro de Ultramar cablegrafió
al gobernador de Puerto Rico, Sabas Marín, comunicándole que habían
matado al general Antonio Maceo. El gobernador telegrafió a todos los
alcaldes de la Isla para que celebraran el acontecimiento. Decía el telegrama
del gobernador: «Gobernador General a Alcaldes: Ministro de Ultramar en
cablegrama que acabo de recibir me dice: general encargado de despacho Habana
participa muerte cabecilla Maceo. Lo comunico para conocimiento de todos los
habitantes leales de esa Isla. Tan pronto se leyó el telegrama se declaró
el día de fiesta y se envió a la guardia para que fuera a las
escuelas para que avisara a los maestros que despacharan a los estudiantes.
Cuando la noticia llegó a una escuela de Barceloneta, que entonces era
parte del municipio de Manatí, y el maestro leyó la comunicación
oficial, un niño de esa escuela llamado José S. Alegría,
se echó a llorar y salió corriendo de la escuela. Los vecinos
inmediatos a la escuela lo llevaron a la casa de un patriota llamado Eufemio
Santiago y éste lo consoló diciéndole: «No llores,
hijo mío, que si han matado a Maceo, surgirán muchos Maceos».
Los relatos que hemos traído evidencian que en Manatí había
un fuerte sentimiento patriótico desde la década de 1870 y que
ese sentimiento fue creciendo en las décadas de 1880 y 1890. Evidencian
además que Antonio Vélez Alvarado y toda su familia eran parte
de las fuerzas liberales del país y que había sintonía
entre el trabajo patriótico que Antonio Vélez Alvarado realizaba
en Nueva York, con la agitación política que se daba en gran parte
de Puerto Rico, y que esa acción era muy contundente en la municipalidad
de Manatí. La causa de toda la acción que en Manatí se
manifestaba era parte del compromiso creciente que en Puerto Rico había
con la lucha por la independencia de Cuba. Esa lucha que José Martí,
gestaba en Nueva York, se extendió y resonó en Cuba y en esa causa
se envolvía también el liberalismo puertorriqueño. Ese
envolvimiento era muy visible en el pueblo de Manatí. Un dato más
que confirma nuestras aseveraciones, aparece en una carta que el gobernador
de Puerto Rico en 1896, le envió al alcalde de Manatí. En la que
le decía que tenía conocimiento de que se estaban permitiendo
tertulias en las pulperías de la zona rural.
El movimiento revolucionario que motivó la creación de la bandera
de Puerto Rico tuvo su inspiración en el Partido Revolucionario Cubano
que fundó José Martí. Pero la lucha de José Martí
había sido precedida por otros movimientos relacionados con el separatismo
antillano. Dos de ellos ocurrieron entre los últimos años de la
década de 1840 y comienzos de los años cincuentas. A estos movimientos
le siguió, la organización de la Revolución en Puerto Rico,
la que fue abortada en Lares, y la guerra que inició el Grito de Yara.
Los movimientos que tomaron forma en la década de 1840, se originaron
uno en París y el otro en Nueva York. En París tuvo nacimiento
la lucha por la independencia de las Antillas como proyecto revolucionario ideado
por Ramón Emeterio Betances. Este movimiento comenzó a tomar forma
durante la revolución que echó abajo la monarquía francesa
en 1848. Betances era hijo de un dominicano que era propietario en Cabo Rojo.
desde niño fue enviado a estudiar a Francia y en 1848, durante la Revolución
de los franceses, de la cual fue parte, el joven caborrojeño inició
su campaña por la independencia de las Antillas.
Poco antes de la intervención noreamericana en la Guerra de Independencia
de Cuba, Betances recordaba el momento en que él había iniciado,
cincuenta años atrás, la lucha por la libertad de las Antillas.
Fue en 1848 -decía- durante el proceso revolucionario francés.
En ese movimiento participaba y en la propagación de las causas de esa
revolución, comenzó a publicar escritos en los que comunicaba
el derecho de las Antillas a su independencia y soberanía. Frecuentemente
recibía a cubanos y puertorriqueños que visitaban la ciudad. Los
que le visitaban estaban identificados con idea de separar Cuba de España
para anexarla a los Estados Unidos. En ocasión de estar reunido con uno
de los grupos que lo visitaban, se daba en ese día, la expedición
de Narciso López con 600 hombres para invadir la provincia de Pinar del
Río. Festejaban en un restaurant del «Boulevard des Italiens»
cuando escucharon a los vendedores de periódicos anunciar el fracaso
de la expedición.
Betances, que en
ese momento se disponía a brindar reaccionó con un enérgico
mensaje que hizo a todos identificarse con su causa. Su emotiva memoria describía
el momento: «La conversación seguía su curso, y cada uno
de nosotros, cuando le llegaba su turno, brindaba por el gran jefe. Había
llegado el mío, yo estaba ya de pie, el vaso en la mano, cuando sentimos
en el bulevar los gritos de los vendedores de diarios: ¡Invasión
de Cuba por los yanquis! ¡Derrota completa de los filibusteros!
¡Fusilamientos en masa! «Debo decirlo. Apenas esas palabras
llegaron a nosotros, yo vi lagrimas perlar los ojos de mis camaradas, que pronto
les corrieron por las mejillas. Un calor extraño corrió por todo
mi cuerpo, mi rostro se inflamó y en un impulso irresistible, golpeé
la mesa con un vaso, que estalló en pedazos. Con un sollozo que me ahogaba
lancé este grito: ¡Cuba triunfará por sí misma!
Fue una conmoción eléctrica. Todos se levantaron a la vez,
y en un sólo clamor partió de todos los pechos: «¡Viva
Cuba libre!» Caímos unos en brazos de otros. Las manos se buscaban
y estrechaban con fervor. En medio de nuestros abrazos fraternos, las lágrimas
se mezclaban; luego nuestras miradas fijas en el cielo se hundían en
el porvenir, como bajo la impresión de una aparición misteriosa
de nuestra Cuba esplendorosa, liberada por los cubanos y próspera únicamente
en manos de los cubanos»... «Hubo un juramento: Trabajar hasta la
muerte contra el despotismo español, en favor de la independencia de
las Dos Antillas» .
La organización separatista de cubanos en Nueva York se había
originado primero con un movimiento que tenía el propósito de
enviar expediciones a Cuba para liberar la isla de España y anexarla
a los Estados Unidos. Fue este primer movimiento el que reclutó al general
Narciso López. Comprometido con este propósito, el general López,
diseño la bandera de Cuba y con apoyo norteamericano invadió Cuba.
Su causa fracasó cuando fue apresado y ejecutado.
El fracaso de la expedición de López, dejó en silencio
la lucha separatista de los cubanos. Diecisiete años después,
bajo el estandarte de la bandera de Demajagua diseñada por Céspedes,
volvió el grito de guerra a Cuba. En esta ocasión la guerra se
extendió por diez años. Fue una larga guerra que fracasó
por falta de planificación y por las luchas internas que había
entre los dirigentes separatistas del exilio.
La primera etapa de la lucha cubana contra España, quedó en el
olvido, pero tomó nueva vida cuando José Martí llegó
a los Estados Unidos. En territorio norteamericano se dedicó a organizar
cubanos y puertorriqueños para hacer la independencia de Cuba. No pudo
organizar a todos los cubanos y todos los puertorriqueños porque en el
exilio había muchos hostiles a él. La mayoría de sus detractores
eran cubanos y puertorriqueños que eran partidarios del anexionismo.
Pero no todos los anexionistas eran enemigos de Martí.
Al iniciar la organización de su partido revolucionario, José
Martí adoptó la bandera que había diseñado Narciso
López. Fundado el Partido Revolucionario Cubano se organizaron numerosos
clubes adscritos a ese partido, uno de esos clubes fue organizado por Sotero
Figueroa, Antonio Vélez Alvarado y Pachín Marín. El núcleo
revolucionario de los puertorriqueños fue inscrito con el nombre de Club
Borinquen. Antonio Vélez Alvarado era vicepresidente del Club Borinquen.
Inspirado por la causa martiana fue que el 11 de junio de 1892, Antonio Vélez
Alvarado diseño la bandera de Puerto Rico.
Sobre el origen de la bandera que reclama haber creado, Vélez Alvarado
dice: «En mi imprenta que compré a un mejicano, radicada en el
séptimo piso del edificio de The New York World, se compusieron
los primeros números de Patria, el famoso semanario revolucionario
de Martí. Desde entonces me unió una estrecha amistad con el prócer
cubano, a quien los puertorriqueños de Nueva York, casi todos, admirábamos
y queríamos como si fuera hijo de Puerto Rico. Patria era doblada y empaquetada
para el extranjero por señoritas cubanas residentes en Nueva York, bajo
la dirección inmediata de Martí, en mi imprenta. En esta trabajaban
numerosos puertorriqueños, entre los que recuerdo especialmente al escritor
Domingo Collazo, a Abelardo Monje, de Mayaguez, a José Sanabria de Aguadilla
y a Pachín Marín, quien era por cierto un cajista muy malo».
«Ya para ese tiempo los cubanos habían traído la bandera
de la Demajagua, cuyos colores y diseños eran los mismos de la actual
bandera nacional de Cuba». Para entonces, tenía ya establecido
yo mi negocio de imprenta, tenía alquilado un apartamento en el número
219 al este de la calle 23, al que dieron en llamar El Consulado Puertorriqueño
y en el que Martí era mi huesped de honor casi a diario».
Después de este relato dejó para la historia la explicación
en detalles de cómo nació la bandera de Puerto Rico. Dice: «Sucedió
en la tarde del 11 de junio estaba sentado frente al escritorio cuando tuve
la visión que invertía los colores de la bandera cubana que tenía
desplegada en la pared. Poseído por tal visión corrí a
la farmacia del puertorriqueño don Domingo Peraza, compré papel
de seda de los tres colores y confeccioné la bandera, tal como la había
imaginado. Llevé el diseño a una vecina llamada Micaela Dalmau
y ella buscó tela de los tres colores y cosió la primera bandera
puertorriqueña».
A petición del propio Vélez Alvarado, doña Micaela ocultó
la bandera cubriéndola con un pedazo de tela para descubrirla en la noche,
cuando llevó a José Martí a cenar a esa casa. Después
de la cena, que compartieron con otras personas, la señora Micaela -sigue
narrando Vélez Alvarado- se sentó al piano y tocó la Borinqueña,
a la vez que se exhibía la bandera que se acababa de crear. Martí
la aceptó y no tardó en aparecer en diferentes ventanas de la
comunidad. La idea no fue bien recibida por todos porque un cubano llamado Enrique
Trujillo, el que combatía a José Martí en un periódico
llamado El Porvenir, se dedicó a incitar a los cubanos contra él,
diciéndoles que la nueva bandera era un ultraje a la de Cuba. «La
bandera que yo diseñé -dijo- fue luego llevada a Cuba».
Reunidos en el Chimney Corner Hall, en Nueva York, el 22 de diciembre de 1895,
un grupo de puertorriqueños constituídos en la Sección
Puertorriqueña del Partido Revolucionario Cubano, decidió que
la bandera que reclamó haber diseñado Antonio Vélez Alvarado,
sería el estandarte que los partidarios de ese organismo político
llevarían a Cuba. Pero ocurrió que en 1898 los Estados Unidos
entraron en la guerra contra España. Las tropas norteamericanas barrieron
la resistencia española en Cuba y también lo hicieron en Puerto
Rico. Unos días después de llevada a cabo la invasión de
Puerto Rico, los miembros de la Sección Puertorriqueña del Partido
Revolucionario Cubano, se reunieron en el mismo Chimney Corner Hall para declarar
disuelto el organismo político que en ese mismo lugar habían fundado
en diciembre de 1895. Justificaban esta acción con el argumento de que
la ocupación norteamericana de Puerto Rico había logrado alcanzar
los fines para los que la mencionada Sección Puertorriqueña se
había creado.
La disolución de la Sección Puertorriqueña del Partido
Revolucionario Cubano no pudo evitar que en ese momento Eugenio María
de Hostos fundara La Liga de Patriotas. El símbolo lo tomaron luego José
de Diego y Muñoz Rivera, le siguieron José Coll y Cuchí
y José E. Alegría. Más tarde se convirtió en bandera
revolucionaria con Pedro Albuzu Campos y el radical partido que dirigió.
Luego fue la bandera de Gilberto Concepción de Gracia y de otros que
la levantaron con honor a lo largo de sus vidas.
A lo largo del siglo XX la bandera de Puerto Rico fue causa de confrontación
entre las autoridades del gobierno federal y del puertorriqueño. Muchos
murieron o fueron encarcelados por defenderla. La persecusión de los
que defendían la bandera de Puerto Rico se hizo sistemática, y
la mera posesión de ese símbolo, era motivo de persecusión..
Pero el siglo fue madurando y la bandera se fue imponiendo hasta que al llegar
la década de 1990, se fue el país preparando para celebrar el
centenario de la bandera puertorriqueña. Esa celebración conmemoraba
el momento en que los miembros de la Sección Puertorriqueña del
Partido Revolucinario Cubano, adoptaron en resolución del conjunto, reconocer
la bandera como el estandarte de los puertorriqueños.
La adopción de la bandera por aquel organismo político en 1895,
no negaba que la misma fuera hecha por don Antonio Vélez Alvarado. Pero
en los años de la década de 1930, la mezquindad de un político
llamado Roberto H. Todd, sembró la duda en la sociedad puertorriqueña,
cuando dijo haber sido testigo de que la bandera la había diseñado
don Manuel Besosa. Pero en ninguna parte de la larga exposición que hizo,
dejó evidencia de que fuera Besosa el creador de la bandera. El propio
Besosa nunca reclamó ser el autor de la bandera, y su propia hija, quien
la cosió para el acontecimiento de diciembre 22 de 1895, no dijo en momento
alguno que fuera su padre quien la diseño. Además, la sigzagueante
trayectoria política que tuvo Roberto H. Todd, no le da el mérito
para que se afirme que su palabra merecía más credibilidad que
la de Antonio Vélez Alvarado.
Pero más allá del debate, que será borrado con el tiempo,
y más allá de los escritos que se han publicado negándole
la autoría de la bandera a don Antonio Vélez Alvarado, grandes
sectores del pueblo puertorriqueño, ya tiene aceptado como día
de fiesta nacional, la fecha del Once de Junio, en recordación al momento
en que el enamoramiento de un hombre con la causa de la liberación de
su pueblo, puso en su espíritu la idea de hacer la bandera que hoy pertenece
a todos los puertorriqueños.